Hoy en día, es más común observar que las parejas, tanto hombre
como mujer, trabajan para llevar los recursos necesarios para la
familia. Por tanto cada vez son más las mamás que se ven en la necesidad
de tener que dejar al hijo (s) en las manos de otra persona para su
cuidado.
Con un poco de suerte, los abuelitos o algún familiar
cercano son los elegidos. Sin embargo no siempre se cuenta con un
familiar para que apoye en este sentido. Para estos casos existen las guarderías o estancias infantiles, que además de cuidar al niño, contribuyen en su estimulación y desarrollo a temprana edad.
La
guardería no solo ayuda a resolver el aspecto social de la
incorporación de la mujer a la vida laboral, sino que también es una aportación valiosa
para garantizar que el niño está seguro, con una alimentación adecuada,
estimulados de la manera correcta según su edad, y favoreciendo su
proceso de socialización.
La guardería inicia en el niño el aprendizaje para atender sus necesidades básicas
como higiene personal, alimentación equilibrada, vestido, control de
esfínteres, entre otros. En otras palabras, lo prepara para ser
independiente en la vida escolar posterior.
De igual manera, la guardería se concibe como un espacio educativo destinado
a favorecer el desarrollo del niño a través de sus interacciones con
los adultos, con otros niños, y con las cosas; para que se fortalezcan y
adquieran habilidades y destrezas a través del juego y experiencias
educativas que lo enriquezcan física, emocional, social e
intelectualmente.
En resumen, su tarea principal es potencializar
las capacidades, inculcar valores y consolidar habilidades, brindando
una formación que le permita al niño enfrentar un mundo cada vez más
competitivo.